martes

La vieja palabra destino quizo sorprender a su suerte, le cruzó en medio del camino la sonrisa de la muerte. Bellos dientes para una sonrisa, dijo, pero no para volver a verte. Si el destino lo tiene planeado, echada estaba su suerte. Lo que hay después de espejismo, es la sed al veneno mas fuerte, jugos que al paladar de la vida lo embriaga y lo divierte. Y en el frió de aquel invierno le quedaba una cita pendiente: allá por el barrio de Lugano jamás volveré a verte. Será el intento a buscar lo que valore tu vida, buscar termina en encontrar. pero cómo saber, si tuvo lo que quería. Así como volver a empezar todo termina de repente pero no me digas adiós: sólo decime hasta siempre.

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